El interior de la provincia de Valencia en particular la Meseta de Requena –Utiel ha sido siempre una zona de paso, un lugar ubicado entre el litoral levantino y la meseta castellana con una entidad geográfica y climática muy definida. Con una extensión de más de 1700 km2 repartida en nueve municipios y una población de casi 38.000 habitantes nos da una idea de su extensión, la más grande de la Comunidad Valenciana, pero con una densidad poblacional escasa y que se concentra en su mayor parte en dos núcleos de población, Requena y Utiel.
La economía comarcal básicamente sigue siendo agrícola, predominando el cultivo de la viña, también el almendro y el olivo. Otros cultivos como el cereal y la huerta son minoritarios o ya testimoniales. La producción de vino y todo lo relacionado con su elaboración y comercialización es la actividad principal de este territorio donde destacan los vinos de la variedad bobal, variedad de uva tinta autóctona de esta comarca.
También es importante la elaboración de cavas en el municipio de Requena por su volumen, su auge y la aportación económica en la zona. Existen dos denominaciones de origen, una para el vino y otra para el cava que protegen la calidad de estos productos.
En la actualidad la actividad vitivinícola ha evolucionado, de una estructura de cooperativismo vemos como han ido apareciendo otras empresas particulares vinculadas al mundo del vino desde las grandes bodegas a proyectos familiares que han diversificado mucho la producción de vino mejorando considerablemente la elaboración, lo que ha hecho que actualmente la oferta de vinos elaborados en esta zona sea muy amplia, variada y de calidad.
Todo ello ha repercutido también en una oferta de turismo enológico que funciona muy bien y está en auge en toda la comarca con su repercusión en otros sectores como la restauración, alojamientos, puesta en valor del patrimonio cultural y natural etc.





Por ser una zona intermedia y tradicionalmente de paso, tenemos influencias culturales de ambas partes, con un origen castellano medieval que curiosamente nos conecta más con unas raíces vinculadas al Sistema Ibérico, Cuenca, Guadalajara, Soria etc. que con la zona de la Mancha, aunque los aportes poblacionales comarcales más tardíos se han nutrido tradicionalmente de las zonas próximas ya sean de la parte conquense, albaceteña o valenciana. No olvidemos que esta comarca perteneció a la provincia de Cuenca hasta 1851 y en lo eclesiástico hasta 1957, todo esto ha conferido un carácter e idiosincrasia muy particular.
En cuanto a la gastronomía compartimos un poco de todos los territorios circundantes, con una base de cocina de interior e influencias valencianas sobre todo de algunos productos básicos. La base alimenticia han sido las legumbres y el arroz con un aporte cárnico sobre todo del cerdo, ovino y carne de caza. A los platos de clara influencia meseteña como el ajoarriero, morteruelo y gazpachos tenemos que añadir una rica y variada cocina autóctona basada en el arroz, las legumbres y verduras estacionales. Muy importante los embutidos y todo lo relacionado con el cerdo. También existe una rica y variada repostería que tiene como base la miel, desde los dulces de origen árabe como el alajú, los de influencia sefardí como todas las variantes de “frutas en sartén” , pasando por toda la variedad de panes benditos, turrones, mazapanes hasta una amplia gama de dulces de horno.
Este artículo ha sido redactado por Fernando Moya, presidente del Centro de Estudios Requenenses y miembro de la junta directiva del GAL RURABLE.


